lunes, enero 14, 2008

Yo no nací para ser rey

La cerveza, cuando es reflexiva y tranquila, cuando se toma adecuadamente, al ritmo pausado que el enamorado de la pipa escoge para hacer su ritual, lleva al intelecto a lugares no explorados. No tiene el efecto fulminante y espeso de los cubatas de garrafón, ni siquiera el sedante efecto del buen alcohol; no... debe ser algo parecido a lo que dicen que es la muerte por congelación en las laderas del K2 o de cualquier otro ochomil: un sopor calentito que te transporta a otro mundo.


Bajo ese interesante efecto escribo ahora estas líneas, sabiendo que, como tantas otras líneas, éstas están condenadas a contenerse a sí mismas hasta el fin de los tiempos. No creo que a ellas les importe si tienen sentido o no. No, no lo creo. Pero en fin, es lo que hay. Voy a declararme herramienta de las palabras y a dejar que ellas me usen, porque ya no creo en la falacia de pensar que soy yo quien las utiliza a su gusto. A ello.

Yo no nací para ser rey.
Punto. No nací para tener una corte alrededor, ni para dirigir ejércitos a la victoria o a la derrota. No nací para aguardar ataques y tener a mi gente delante y detrás guardándome la cara y la espalda. No nací para tener una mujer que diera la cara por mí. No, no nací para ser rey.

Tampoco nací para ser dama.
O reina. Prefiero dama. No nací para ser casi omnipotente, ni para usar ese poder. No nací para ser el ariete contra una muralla según los románticos, ni para aguardar pacientemente detrás según los matemáticos. No nací para ver cómo mis compañeros caen mientras una mano invisible me salvaguarda para otras tareas. No, no nací para ser dama.

Ni torre.
Tampoco nací para ser torre. Carezco de la paciencia y solidez de la torre, también de su fuerza y de su capacidad para guardar una columna. Tampoco me siento a gusto esperando al juego medio, mientras otros compañeros tienen sus escarceos en tempranos tiempos. No, no nací para ser torre.

Tampoco alfil.
Carezco de las espectaculares arrancadas, de la visión de juego y de la intensa y aguda fuerza de una navaja cuando presiona en el punto exacto que tienen los alfiles. No tengo la mira telescópica del fianchetto, ni la resignación de ocupar solamente la mitad de las casillas del tablero. No, no nací para ser alfil.

No nací para ser caballo.
Carezco de esa capacidad de improvisación que hace tan temibles a los caballos. No tengo su versatilidad ni su visión de la celada o del jaque ahorquillado, ni la fuerza del impresionante sonido de una legión de caballeria lanzada a la carga. No, no nací para ser caballo.

No. Nací para ser peón.
Simple y sencillo, pieza en manos de otros. Paladín de tantos y tan nobles finales de partida. Trabajador pequeño en el que de repente se posan todas las esperanzas para algo que pudiera ser algo más. Primeros en caer, últimos en pie, defendiendo a su rey. Y a su dama. Y a quien haga falta. Capaces de, en un momento dado, cambiar su unidireccional y fijo camino para capturar otra pieza. Capaces de, llegado el momento, convertirse en otra cosa.

Ojalá... ojalá, pueda en algún momento llegar a saber lo suficiente para llegar a ser un peón.

miércoles, diciembre 12, 2007

ZX

Hoy me apetece hablar de un amigo
Sin más. Es posible que alguno le conozca o es posible que no. Pero da lo mismo.

La máquina del tiempo va nueve años atrás. Yo era, como ahora, un pseudo-geek, y por aquel entonces con bastante poca experiencia en la vida y enganchado sin remedio a ese recién descubierto misterio de Internet, concretamente a esa adicitiva faceta del chat IRC Hispano.

En aquel lugar había una canal de viciados de la Guerra de las Galaxias que se habían jugado en canal el X-Wing (ah, aquellas naves poligonales, qué reales parecían), el Tie Fighter (desde el bando del imperio y con mejores gráficos; me encantaba) y el X-Wing vs. Tie Fighter (y ahora con texturas y posibilidad de jugar en red. Aka El Orgasmo). En un alarde espectacular de originalidad, aquel canal de chat se llamaba #X-Wing_vs_Tie_Fighter. Y por allí nos reuníamos, con el poder de nuestros módems de 56 kbps una serie de volados para jugar.

Sin entrar a fondo en este tema, del cual podría estar hablando horas, uno de esos volados era ZX-10.

Intentar resumir aquí los nueve años de sincera amistad que me unen a él y que comenzaron en un viaje a Benidorm sería hacerle un flaquísimo favor a su recuerdo y a su futuro, así que directamente no voy ni a intentarlo. Lo que sí quiero es dejar aquí su impronta, igual que él la ha dejado en mi vida, y sabiendo de antemano que voy a fracasar en ello. Es igual. Yo soy como soy gracias a que él ha estado ahí. Y sigo teniendo la inmensa fortuna de que siga estando. Allá voy.

Meses sin saber nada el uno del otro. Wisky y Vodka. El mundo arreglado y vuelto a arreglar. Viajes. Collejas. Abrazos. "Tronco, yo lo que creo es..." y más. Cerveza. Sinceridad. Un gallego al aire libre. Otra cerveza. Y la penul. "Ya podrias llamar ministro". Cinco mil volados como nosotros, qué guay. El Sr. Spock. "El móvil tienes por castigo". "Pues oye, y es que las tías son...". Tienes razón. Un chino. "Tú no te preocupes, que todo llega". Un asador. Un pacharán. Y diez si hacen falta. Y veinte. Ahora unas hierbas. "No me seas orgulloso, pide ayuda". Y qué tal. "Pues como siempre". ¿Y sabes qué? Que...
...
"Me tienes aquí para lo que quieras".


Me tienes aquí para lo que quieras.

miércoles, diciembre 05, 2007

Aprendizaje

aprender.

(Del lat. apprehendĕre).

1. tr. Adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia.



Aprender algo implica aceptar el desconocimiento previo al aprendizaje.
Sin este axioma tan de perogrullo el aprendizaje no es posible.

¿Cuántas veces hemos pasado párrafos enteros, obviado frases interesantes y dejado de lado fragmentos de conversaciones por tener el convencimiento de que no podían aportarnos nada, de que "eso ya lo sabemos"?

Demasiadas. Y seguir cometiendo ese error es, paradójicamente, el camino más corto a la incertidumbre. Porque estar pasando año tras año por la misma clase y ver que tus compañeros de pupitre cambian tiene que ser algo frustrante. Es como si nos ofrecieran una naranja y nos comiésemos la piel porque ya sabemos cómo sabe lo de dentro. Absurdo.

El aprendizaje no es posible sin la humildad de asumir la propia ignorancia.
Así que vamos Ear, a aprender, que queda mucho por hacer.

lunes, noviembre 26, 2007

Tendría que haber estado allí

Los que me conocen saben que tengo una especie de sentido del equilibrio, algo así como si un alambre completamente recto hubiera sido retorcido y luego alguien hubiera intentado devolverle la rectitud original usando sus manos. Imposible.

Sí, tiene fallos, está retorcido y no sirve para nada. Solamente sirve para recordar cómo era antes de que algo viniese a retorcerlo. Pero ese recuerdo me hace ver cómo debería ser ese alambre, me hace ver la dirección hacia la que tengo que ir. Me hace ver cómo fueron las cosas en un principio imaginado y como serán en un futuro ilusorio que nunca llegará.

Mi alambre es un objeto caido de los cielos que quedó mutilado para siempre al aterrizar violentamente en el mundo. Nunca podrá volver a ser tan perfecto como lo era cuando fue alumbrado, en un universo mejor que este. Ni falta que hace. Es valioso tal y como está.

Estuve allí al principio. Tendría que haber estado al final.
Tendría que haber estado allí.

lunes, noviembre 19, 2007

Se acerca el invierno

Grado y medio bajo cero al salir de casa esta mañana.
Se acerca el invierno.

Y va a ser un invierno muy frío.

miércoles, noviembre 14, 2007

Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus

Os coloco aquí uno de los textos más antiguos y divertidos de los millones que me han llegado al correo o he leido. Aparte de hilarante, me parece realmente ilustrativo de las líneas maestras que se vienen siguiendo hoy en día en las relaciones. Allá va:

Todavía hay gente que tiene sus dudas sobre el hecho palpable de que la cabeza de las mujeres es mil veces más maquiavélica que la de los hombres, mucho más bastos y simples a la hora de las relaciones sociales con los amigos. En las líneas que siguen tenemos la demostración palpable de este hecho inapelable.

(Se encuentran dos mujeres por la calle)

- ¡¡María!! ¿Qué tal? No te había conocido... con ese peinado tan maravilloso que te has puesto...

- Ay, Laurita. Vengo de la pelu ahora mismo. Es que Adolfo es un artista.
- Oye... ¿eso son mechas o es rubio natural?

- Son mechas, boba.

- Pues estás divina. Se te va a comer tu marido en cuanto te vea, que tiene una mujer que no se la merece.

- No seas tonta, que tú sí que estás guapísima. Hija, es que siempre has tenido una clase... ¡Oye! ¡Pero qué bolso más divino! ¿Te lo ha regalado tu Julián?

- ¡Que va! Ése ya no me regala nada. Todo el día viendo el fútbol y tomando cerveza con los amigotes...

- Ah, pues eso sí que no puede ser. Ya le estás diciendo que o te mima más o te vas con algún jovencito del trabajo, que deben de estar partiéndose la cara por ti.

- Ay, que cosas dices. Bueno, mi amor, que a ver si nos vemos, y salimos de compras y a tomar café que nos tenemos que contar muchas cositas...

-Pues claro, cielo. Te llamo la semana que viene sin falta.

- Bueno, preciosa. No te digo que te cuides porque como te cuides más nos vas a dejar a todas a la altura del betún, que estás divina.


Se dan dos besos y un abrazo y se separan.


(
Pensamiento de la primera mujer)

Anda, que lo que se ha hecho en el pelo, la hija de la gran puta... Menudo adefesio. Yo no sé cómo su marido sigue casado con ella, con lo bueno que está. Me cago en su puta madre... las hay que nacen con suerte. Y hay que ver cómo apesta a perfume barato la muy zorra. Ésta no consigue que la violen ni en Alcalá Meco. Siempre ha sido un callo, y además vulgar, que es lo que más me jode.


(Pensamiento de la segunda mujer)


Mira que es mala suerte tener que encontrarme al zorrón éste, con lo mal que me cae. Y se ha superado, la cabrona. Está más fea que nunca. Y menudo bolso. Y menudos zapatos y menudo todo. A saber en qué mercadillo se compra la ropa, la hija de puta, que se cree que tiene veinte años y va haciendo el ridículo por la calle, la muy perra.


(En la otra punta de la ciudad se encuentran dos hombres)


- ¡Coño! Pero si es el tontolculo del Mariano.
- ¿Qué pasa, gilipollas?
- Pues nada, lo de siempre, que cada vez te veo más calvo. Por qué no te compras un peluquín de una puta vez, y dejas de ir dando el cante por la calle con la calva esa, que parece una pista de aterrizaje para ovnis?
- Porque prefiero raparle el coño a tu puta madre, que con los pelánganos que tiene me voy a hacer una peluca que voy a parecer una estrella del rock. Lo malo es el olor, que no veas si le canta la chirla a la hija de puta.
- Ya ves. Como a tu mujer, que cada vez que me la follo me tengo que restregar la polla con Ajax pino.
- Pues te durarán un huevo los botes, porque tu parienta me ha dicho que tienes menos rabo que el hermano pequeno de David el Gnomo.
- Mi parienta no tiene ni puta idea de nada, cabronazo. ¿No ves que fue novia tuya hasta que la metí el pollazo?
- Y menudo favor me hiciste, capullo, que con lo zorra que es... En el instituto se la tiraron hasta los del equipo de ajedrez.
- Bueno, idiota, que me piro. Te veo otro día.
- No si yo te veo antes, mamón. Ala, que te jodan.
- Y tú que lo veas, gilipollas.

Se dan un golpecito en el hombro y se separan
.

(pensamiento del primer hombre)


Joder, cuánto tiempo sin ver al Mariano. Que tío más de puta madre. Y está echo un chaval, el jodío. A ver si le llamo la semana que viene, hombre, que me jode un huevo perder el contacto con tíos como este.


(pensamiento del segundo hombre)


Mira que es majete el cabrón del Antonio. Me descojono con él. Si no fuera con prisa me lo había llevado de cañas. El martes o el miércoles le llamo, y llamo también al Paco, que hace que no nos juntamos, y nos pasamos una tarde de puta madre los tres.